13 Noviembre 2015, Día de las Librerías

Son las nueve de la noche de un domingo previo al Día de las Librerías y escribo con las luces tenues en un espacio que llega por hoy al fin de su horario comercial, sin saber que de esta escritura va a brotar un manifiesto desde la intimidad más absoluta. Sin saber muy bien a donde voy, me dejo llevar y empiezo:

Soy una librera inquieta.

Pienso 24 horas al día en  la librería. En mejorarla. Estoy alerta a recomendaciones de libros, atenta a todas las noticias que tienen que ver con libros y espacios libreros. Estoy atenta a todo estímulo. Relaciono muchas de las imágenes que veo, muchas de las frases que leo y opiniones que escucho, y soy capaz de convertirlo en un buen proyecto dentro de la librería. Siempre me guardo una idea en la manga para poner en marcha en cuanto las circunstancias nos lo permitan. Mi lista de lecturas pendientes es siempre interminable. Siento mucha curiosidad por muchísimos libros, de muy variadas materias, y me cuesta reprimirme cuando pasan por mis manos. Siento mucha curiosidad por el funcionamiento de cada engranaje del sector. Con actitud de continuo aprendizaje, me gusta saber la opinión de la gente que nos visita, de nuestros lectores asiduos, sobre la librería porque siempre señalan algo en lo que puedes mejorar. Y mejorar es un reto que me tomo muy a pecho.

Soy una librera imaginativa.

Y a pesar de eso, nunca encuentro la manera de sortear todos los obstáculos que nos separan de nuestros proyectos. Siempre estoy atenta a las propuestas e intento cambiar lo que haga falta para ponerlas en funcionamiento. A veces mi imaginación, incluso, va más rápido de lo que podemos hacer en la realidad, y es frustrante, pero encuentro maneras de encauzarla para no dejar de hacer las cosas a las que aspiramos o encuentro el cuaderno perfecto para apuntar las ideas pendientes para no olvidarlas en la vorágine del día a día y llevarlas a cabo en el futuro.

Soy una librera apasionada.

Mi pasión son los libros, la lectura y las librerías como refugio.  Y encuentro motivación, ilusión y alegría todas las mañanas para seguir manteniendo vivo este espacio. No hay nada que me haga más ilusión que ver un libro en las manos de un niño porque cada día me acerco un poco más a los lectores del futuro. Creo en la lectura, como vida interior, como lugar de crecimiento y experiencia; creo en las librerías como santuario de tesoros. Creo en los libreros como intermediarios, como guías sobre un océano de libros y sabiduría.

 

Soy una librera humilde.

El sueldo que recibo a cambio de más de sesenta horas semanales de trabajo es muy ajustado. No recibo pagas extras ni cobro por las horas de más ni por los días festivos. La pasión, el bienestar y la alegría de desarrollar el trabajo que me apasiona es lo que realmente merece la pena. Pero mi nómina llega muy justa para pagar un alquiler moderado y los gastos muy controlados de la vida de una pequeña familia.

Soy una librera cansada.

Todos los días empleo todo mi esfuerzo en mantener viva una librería de 100m². Mantenerla viva implica estar disponible para lectores, visitantes y asiduos de nuestro espacio; implica crear un ambiente cálido y acogedor como reclamo; implica renovarse constantemente, pensar nuevas fórmulas que satisfagan las necesidades de los lectores, para atraerlo y hacer que quieras venir a curiosear entre nuestras estanterías y consigamos que te lleves a casa al mejor compañero: un libro. Llamar tu atención para que recuerdes que en La Extra Vagante atesoramos grandes obras que pueden llegar a tus manos con solo pedirnos una recomendación.

Soy una librera cabreada.

Porque me esmero todos los días en hacer fuegos artificiales si es necesario para que la librería esté cada día más bonita, mejor surtida, más acogedora, los libreros más leídos y hacer actividades más interesantes…  Pero el Estado es ciego a este esfuerzo por mantener abierto y vivo un espacio que aporta cultura, pensamiento y sensibilidad a las personas, a los habitantes de una ciudad, de una comunidad, de un país. Siempre he pensado que es más estimulante gobernar a una población instruida pero parece que hay quienes piensan que es más rentable gobernar a una masa plana y quizá sea por eso por lo que descuidan a la Educación y la Cultura y en ese descuido nos abandonan a nuestra suerte para que nos extingamos como si no tuviera importancia. Cabreada porque una librería no goza de bonificaciones para pagar un alquiler, porque pago un precio de suelo elevado en comparación a un margen tan corto (como si el precio del producto que vendo no estuviera regulado por ley, tan asequible debe ser el acceso del individuo al libro como a las librerías, por lo tanto hay que cuidarlas para que existan) . Cabreada porque Hacienda no hace distinciones para la Cultura, como bien que aporta criterio a una población. Cabreada porque me piden que haga muchas actividades este Día de las Librerías y que las difunda mucho en redes, para tener mayor visibilidad. Me piden que eleve mi esfuerzo habitual a la enésima potencia, me piden que lo haga más público y más evidente y me cabrea.  Me cabrea porque me parto la cara todos los días por ser visible con actividades y un montón de pequeños gestos. Me cabrea porque quienes nos representan no hayan conseguido más para nosotros. Para hacernos más visibles con recursos más allá de nuestro propio e individual esfuerzo.

Soy una librera levantada en pie de guerra.

Que va a seguir defendiendo este lugar sagrado al precio que cueste. Que va a celebrar el Día de las Librerías desde la reivindicación, planteando otras maneras de hacerlo, otros modelos de gestión que integre a la red de personas que nos rodea y nos apoya, decidida a luchar para acabar con nuestras precariedades. Que va a difundir la realidad de las librerías a todo el que quiera escucharla. Que va a exigir a los que gobiernan la misma vocación y la misma entrega que la que ponemos todos los días todos los que trabajamos en esta pequeña librería. Que va a reclamar el lugar de protección que merecemos para ser las librerías que los lectores merecen.

Soy una librería orgullosa.

Soy una librera orgullosa de La Extra Vagante Libros y los seis años de camino recorrido. De las vicisitudes vencidas. De los premios. De los reconocimientos. De nuestros micromecenas, de la comunidad de lectores y adeptos que hemos creado a nuestro alrededor. Una librera orgullosa de estar disponible y tener un espacio disponible para los lectores y amantes de los libros, para los curiosos, para los perdidos, para los rezagados, para los soñadores, para los que buscan en nosotros un refugio. Orgullosa, muy orgullosa, de haber llegado hasta aquí. En tan buena compañía.